Ecuador se unirá esta semana a la Alternativa Bolivariana para las Américas (Alba), la plataforma de Venezuela para impulsar su proyecto de liderazgo regional.
Bajo un membrete de oposición al imperialismo, desde 2004 el presidente venezolano Hugo Chávez ha sumado a ese bloque siete gobiernos de A. Latina, la mayoría de ellos identificada como de
izquierda. Aunque en el caso de Honduras, dirigido por el liberal Manuel Zelaya, también optó por adherirse y dar un vuelco en su orientación política.
La Alba tiene dos pilares. El primero: los recursos de Venezuela, que le permiten liderar este proyecto. En la práctica estos fondos se han convertido en un imán para
gobiernos cuyas economías son pequeñas comparadas con las de Brasil, Chile o Colombia.

Por ejemplo Cuba, que fundó la Alba con Venezuela en 2004, ha logrado una importante inyección de fondos. Solo para 2007 La Habana calculó que la cooperación venezolana pudo rebasar los USD 1
200 millones.
Según Alfredo Michelena, sociólogo y ex diplomático venezolano, esos recursos son la base de los fondos compensatorios que supuestamente la Alba usa para “corregir disparidades”, aunque en la
práctica -dice- le permite formar lealtades en la región.
En el caso de Nicaragua, Caracas ha prometido financiar una refinería que procese 150 000 barriles de petróleo al día, que es parte de su proyecto de crear una nueva matriz energética.
El segundo pilar que tiene la Alba es la formación de alianzas intercontinentales con países como Irán. “Chávez se ha trazado un proyecto geopolítico-multipolar-petrolero, que tiene como
principales objetivos hacer de Venezuela una potencia energética mundial y crear un nuevo orden mundial multipolar. Irán y Bolivia son piezas fundamentales en su proyecto”.

Esa es una de las reflexiones que realizó el analista venezolano Alberto Garrido, quien dedicó su trayectoria a estudiar el proceso bolivariano.
Desde esa visión, el objetivo de la alianza con Teherán –que vive una conmoción tras las elecciones del 12- es lograr instrumentos de negociación y presión en la economía
global, a través de su producción petrolera conjunta de unos seis millones de barriles.
Por ello, Garrido anticipó que no es gratuito el acercamiento de Irán a los países de la Alba. De hecho, ya en 2007 Irán participó como país observador del bloque y estrechó sus relaciones con
países miembros a través de reuniones con los presidentes de Daniel Ortega (Nicaragua) y Evo Morales (Bolivia). Con ambos refrendó sus postulados anti-EE.UU.
En el caso de Bolivia, sus reservas de gas son estratégicas en el proyecto de Venezuela en Sudamérica. Entre otras razones, porque puede ser un aliado para neutralizar a
Brasil, líder natural de la región, que impulsa otro proyecto de integración: la Unión Suramericana de Naciones (Unasur).
“Todo parece indicar que la Alba y la Unasur expresan las disputas por el liderazgo efectivo de la región”, señaló un estudio del Real Instituto Elcano de España el año pasado. Su análisis se dio
a propósito de las dificultades que se presentaron antes de la firma de las actas constitutivas de la Unasur, que finalmente se cristalizó en mayo del año anterior.
En este escenario, el presidente Rafael Correa decidió adherirse a este bloque. Su argumento para ingresar es que la Alba supuestamente presenta proyectos beneficiosos en materia energética,
comercial, financiera, de cooperación para la educación...
Aunque en un comunicado del 6 de junio, la Cancillería dio pistas de estar consciente del proyecto geopolítico de Chávez, al señalar que la Alba permitirá ser “parte del proyecto impulsor
de una nueva matriz energética latinoamericana”.
En el plano local, voces como la del ex canciller Luis Valencia sostienen que, de momento, el Ecuador no tendrá beneficios concretos, a excepción de la cooperación energética con Venezuela. En
ello coincide el ex canciller Francisco Carrión, quien recordó que todos los beneficios que pueden obtenerse con los miembros de la Alba están en acuerdos vigentes.