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El túnel que abrió Túnez
El año del 20 aniversario de la caída del bloque soviético se ha iniciado con levantamientos en el bloque árabe ¿En qué se parecen y diferencian ambas revoluciones?
El 14 de Enero cayó la dictadura de Ben Alí, quien gobernó Túnez desde 1987, dos años antes que cayera el muro de Berlín.
Entre las protestas que fueron tumbando gobiernos como fichas de dominó en el antiguo bloque pro-soviético y entre las que hoy sacuden a varias longevas autocracias musulmanas se pueden encontrar algunos elementos comunes: su carácter masivo, espontáneo y anti-autoritario, que debilita y neutraliza a las FFAA y que se contagia por toda su región.
No obstante, hay significativas diferencias entre los levantamientos populares que se dieron dentro del antiguo Pacto de Varsovia a fines de 1989 con los que se vienen dando a comienzos del 2,011 en la Liga Árabe.
En los primeros, la movilización fue contra dictaduras de un partido único comunista que regían economías estatizadas y planificadas. En éstas el dinero no servía tanto para crear capitales o empresas privadas sino como una unidad contable. Allí la vivienda, el empleo y la educación estaban garantizadas casi de por vida y para todos. No obstante, la población cuestionaba la escasez o baja calidad de sus productos, el Estado policial y los privilegios de la Nomenclatura.
En Europa oriental las mayorías responsabilizaron al ‘socialismo’ de sus penurias mientras que veían con envidia que al oeste de su continente la población tenía mayores ingresos y libertades, y mejores y más variados productos. Por ello éstas se volcaron a apoyar a las corrientes e iglesias pro-occidentales, incluyendo a los socialdemócratas. En cambio, quienes postulaban una salida izquierdista queriendo ‘democratizar’ e ‘internacionalizar’ el plan, quedaron muy marginados.
La desintegración del bloque soviético implicó la mayor victoria que haya tenido el capitalismo liberal, la reunificación alemana y con ello la creación de la gran Unión Europea y la hegemonía global de EEUU.
En los segundos, sin embargo, los levantamientos sociales se dan contra autócratas pro-occidentales. Todas ellos dominan capitalismos entrelazados con corporaciones europeas o norteamericanas. A diferencia del ex ‘bloque socialista’, quien tenía menores niveles de desigualdad social, el mundo árabe es uno de los más socialmente polarizados del mundo y que contiene altas tasas de miseria y desempleo.
Las tiranías que sienten la sacudida no son tanto las nacionalistas de Siria o Libia, sino las que han estado más ligadas a los EEUU como Túnez, Egipto, Jordania o Yemen. Los sindicatos han jugado un rol importante en Túnez y ello podría extenderse.
Por otra parte, si bien en las movilizaciones árabes no hay un marcado acento islámico, allí operan fuertes corrientes nacionalistas que quisieran un tipo de república musulmana anti-EEUU como las que pregonan Irán, Hizbola o Hamas (los 3 se sienten hoy fortalecidos).
EEUU y sus aliados se encuentran ante un dilema. No pueden apoyar a sus antiguos socios dictatoriales pues ello haría que la protesta se radicalizase y acabase imponiendo nuevos gobiernos ‘anti-imperialistas’. Por otra parte, deben tratar de buscar reemplazos para éstos pero buscando hacer transacciones con los opositores y evitar que la presión social produzca más explosiones.
Mientras que el túnel que se abrió en el muro de Berlín terminó favoreciendo a Washington, lo más probable es que el abierto por Túnez le debilite, así como a sus aliados europeos, musulmanes e israelíes.
La capital yemenita San'a con sus 'rascacielos' pre-modernos
San’a no sana
San’a, la capital de Yemen, se ha convertido en uno de los focos de las protestas del mundo musulmán. Esto se debe, en parte, a la enfermiza disparidad que hay entre ésta y muchas de las demás capitales de la península árabe.
Las grandes ciudades de las petro-monarquías de dicha zona vienen compitiendo entre ellas para ver quiénes ponen en pie los rascacielos más ostentosos. Uno de los Bin Laden destruyó las torres gemelas de Nueva York, pero su familia viene edificando en La Meca el segundo rascacielos en altura del mundo, aunque el de mayor área construida.
El edificio más alto que haya erigido la humanidad es uno que recientemente se inauguró en Dubái, (capital de los Emiratos Árabes Unidos): el Burj Khalifa (cuyo nombre se da en honor al Emir). Este tiene 160 pisos y 828 metros de altura (casi el doble del mayor rascacielos de EEUU).
En la última década esta ciudad ha concentrado el 20% de las grúas del mundo y se ha inundado de rascacielos. Hay 170 que superan los 100 metros de altura y 550 más en construcción. Islas artificiales con forma de hojas o edificios que se mueven para recibir el sol son algunas de sus excentricidades. Encima, hubo planes para hacer la torre Nakhal, la primera edificación en superar una altura de un kilometro.
Al Riad, Kuwait y Doha también tienen sus propios rascacielos ultra-modernos. Esta última fue la sede de las olimpiadas asiáticas 2,006 y lo será del mundial de fútbol 2,022.
El boom de la construcción ha hecho que varias de estas petro-familias reales empiecen a construir torres similares en las antiguas potencias que les colonizaron. Una de ellas es la de London Bridge, la cual, aún sin terminar, ya es la más alta de Inglaterra (la misma que está generando un proceso de regeneraciones que afecta el futuro del adyacente barrio latino de Londres).
En cambio, si una va a San’a, la capital de la nación con más habitantes nativos de dicha península, encontrará cuan agonizante es dicha contradicción.
Esta ciudad es una de las habitadas más antiguas que hay. Considerada patrimonio de la humanidad por la UNESCO contiene a una de las primeras mezquitas. Sin embargo, allí no se ve nada de la riqueza, del desarrollo, de los turistas o de la mano de obra inmigrante que abundan en las demás capitales de su región.
San’a está llena de edificios, pero todos muy antiguos y ninguno que tenga decenas de pisos. Frente a las arterias y autos ultramodernos de las urbes de los demás países de su región, las calles de San’a son estrechas, añejas y rodeadas de altas paredes, las cuales son un laberinto útil para que los locales se escondan o embosquen a sus invasores. Todos los yemenitas se precian de llevar en sus cintas una mini-espada curva, como símbolo de prestigio y alerta.
En vez de las mega-tiendas de lujo que hay en todas las demás capitales de la península, San’a está llena de mercados. Sus puestos se parecen a muchos de los de los de los pueblos de los Andes, incluyendo el hecho de que allí se vende mucho una hoja que se masca para dar energía.
San’a, a 2,200 metros sobre el nivel del mar, es la capital árabe más alta. A diferencia de las capitales más elevadas del mundo (La Paz, Quito y Bogotá) San’a es muy tribal y tiene pocos predios modernos.
Más del 60% de los yemenitas están desocupados, mientras que su ingreso promedio es varias veces inferior al de sus ricos vecinos. Ello alienta a que Yemen tenga dos guerras internas, insurgencias armadas pro-socialistas, pro-Irán y pro-Bin Laden (cuya familia proviene del Yemen), y que también pueda hacer que este país siga la senda anti-dictatorial de Túnez.