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Si alguien en Honduras quisiera tomar las armas en respuesta al derrocamiento del presidente Manuel Zelaya, no tendría que ir muy lejos. “Corremos un riesgo alto porque es muy fácil obtener armas
aquí en Honduras”, comenta Leyla Díaz, del Centro de Investigación y Promoción de Derechos Humanos (Ciprodeh) en Tegucigalpa.
Y es que en esta empobrecida nación de Centroamérica, así como en otros países de la región como Guatemala o El Salvador, las armas están por todas partes.

“Es importante que se vean, para intimidar”, explica Carlos Martínez, un guardia de seguridad parado delante de un hotel de Tegucigalpa, con un revólver Taurus calibre 38 plateado, colgando
del cinto al mejor estilo vaquero.
En la acera de enfrente, otro guardia privado dormita apoyado en su escopeta calibre 12. Son parte de las 280 000 armas registradas. “Calculamos medio millón de armas de fuego ilegales en el
país, pero podrían ser el doble”, dice Díaz, del Ciprodeh.
“Como consecuencia, tenemos una de las mayores tasas de homicidios per cápita del mundo, añade la activista. Y la violencia parece imparable en un país de 7 millones de habitantes, donde la
TV muestra cada noche imágenes de cuerpos acribillados. El año pasado hubo 4 473 homicidios, 25% más que en 2007.
El arsenal ilegal de Honduras es la herencia de la década de 1980, cuando el país fue plataforma de la contrarrevolución en la vecina Nicaragua. La situación se agravó durante los últimos años, a
medida que Honduras se fue convirtiendo en un corredor del tráfico de drogas hacia Estados Unidos y de armas hacia América del Sur.
Muchas de las armas ilegales están en manos de las ‘maras’ o pandillas del crimen organizado, pero cualquiera puede hacerse de un AK-47 por apenas USD 500. “Si un arma aquí vale 10 000 lempiras
(unos USD 526), en el mercado negro cuesta USD 5 000”, refiere Óscar Soriano, gerente de una armería en San Pedro Sula, violento corazón industrial de Honduras a 250 km al noroeste de
Tegucigalpa.

Parte del problema son las facilidades y falta de controles para adquirir legalmente armas.
Otra propuesta ante la crisis
Elvin Santos, candidato del Partido Liberal, al que pertenecen el presidente depuesto, Manual Zelaya, y el interino, Roberto Micheletti, dijo ayer que Honduras debe ser gobernada
temporalmente por una persona ajena a los dos. Una tercera vía para poner fin a la crisis tras el golpe de Estado. “Esa puede ser seriamente una salida al problema”, comentó