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La obispera está que la pinchan y no echa sangre. Mienten desde los púlpitos, en la calle, en cuanto programa de televisión se meten. Ayer fueron los obispos Ignacio
Velasco y Rosalio Castillo Lara, dándole a la lengua viperina, infecta y sucia apoyando crímenes, golpes de Estado, huelgas y paros, escasez de alimentos, buscando e
implorando por un magnicidio; del lado de la acción de paramilitares, soliviantando la violencia, las guarimbas y marchas. Ignacio Velasco se cansó de decir antes de
que la Sebastiana se lo llevara que él no había firmado el Acta de Carmona, hoy está en el Infierno. Rosalio reverbera entre las llamas de la quinta paila. Se van
muriendo a crédito con la lengua tensada y bípeda.
Durante esta Semana Santa, los obispos en Mérida se han dedicado a defender a muerte a los comisarios de la Metropolitana que fueron sentenciados por los hechos del
11-A. Han dicho que ellos los obispos conocen al dedillo lo que pasó ese día, que los comisarios salieron a proteger al pueblo, que los comisarios nunca usaron sus
armas, y que son todos un protuberante racimos de virtudes sagradas. Matacuras y obispos todos a una contra la juez del caso. Monseñor Baltazar Porras, primer
vicepresidente de la Conferencia Episcopal Venezolana, anda advirtiendo que el clero está sobre aviso porque la intención del Gobierno es falsear la verdad de los
hechos de abril de 2002 e imponer una sola voz y una sola voluntad. No sabemos qué cosa puede el gobierno falsear, como si no hubiese sido él de los primeros
protagonistas en presentarse tanto en Miraflores como en Fuerte Tiuna ese horrible día lleno de sangre, lleno de monstruosas mentiras, cuando ellos desviaron aquella
marcha sólo para que los dos bandos se mataran entre sí.
Desatados están, digo, Globovisión y la CEV, como los dos frentes más recalcitrantemente alzados contra la justicia. El Matacuras lanzando hiel diciendo que él no
acepta ni acata la decisión de la juez porque tiene todo el derecho a disentir y a negar cuanto haga el gobierno, como si eso no fuese precisamente lo que hicieron los
medios ese día terrible de abril. Baltazar estalla en especiosas mentiras al decir: "El régimen pretende, mediante el uso del poder judicial, involucrar a la Iglesia
en una campaña mediática para amedrentar a la población y, como Pilatos, lavarse las manos sobre la responsabilidad que tuvo durante los acontecimientos de abril de
2002". Ahora desde que Ugalde lo puso de moda el sonsonete es mencionar a Pilatos. Cuando los Pilatos supremos son ellos que después que desviaron esa marcha hacia
Miraflores dijeron que ninguna culpa tenían sobre eso; los Pilatos que asesinaron con mentiras a través de Venevisión y el resto de los cuatro canales del Apocalipsis.
Los que luego llenaron de sangre la Plaza Altamira. Los Pilatos eternos de la muerte que después convocaron a un paro petrolero de tres meses y nos dejaron sin
petróleo que vender, sin gasolina, sin comida, sin clases, sin misas de aguinaldo, sin hallacas, sin nada. Luego como Pilatos han dicho que ellos tampoco nada tuvieron
que ver con eso. Los mismos Pilatos que más tarde mataron a Danilo Anderson y también muertos de la risa dijeron que había sido una acción del propio gobierno.
Ahora lloran como viejas infames diciendo durante toda la Semana Mayor que el Gobierno ha denigrado a la Iglesia y a sus representantes, ellos tan puros, tan sinceros,
tan nobles y dulces. A Dios rogando y con sus lenguas sucias y miserables dando. Ellos los eternos cazadores de brujas, los sempiternos inquisidores, ahora salen como
angelitos a decir: "La sentencia en contra de los comisarios dictada el Viernes de Concilio abre una nueva etapa en la cacería de brujas de la revolución. Estamos
sobre aviso de esta nueva inquisición que se pone en marcha para defenestrar y cortarle la cabeza a los políticos, empresarios, miembros del clero y otras
instituciones que hayan manifestado opiniones contrarias al Gobierno, que quiere hacer de la mentira una verdad para imponer una sola voz y una sola voluntad".
Pobrecitos, porque Fedecámaras y la oposición ultra-fascista ese día 11-A lo que quería era salvar la democracia. Al estilo de cómo lo hacen los gringos cuando mandan
a sus marines a masacrar pueblos, que es la manera de ellos de imponer la libertad y la justicia.
Y vuelven a auto-violarse para colocarse otra vez como víctimas y el Porras exclama: “Durante toda la Semana Santa los medios televisivos oficiales presentaron algunos
impostores como connotados representantes de la Iglesia. Advirtió además que vendrán imprevistos como lo ocurrido en la sede de la Conferencia Episcopal que, según sus
palabras, fue violada y asaltada con fines inconfesables.”
Señores jueces, señores fiscales del ministerio público, actúen, actúen y resuelvan de una buena vez este caso del 11-A que sigue llenando de ignominia a la justicia
venezolana.
jsantroz@gmail.com
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