
La recesión está matando el empleo en EE.UU.; 2,6 millones que se quedaron sin trabajo el año pasado y se proyecta que durante los 12 meses siguientes otros dos millones o más serán
arrojados a la calle.
En estas cifras no constan Manuel Muñoz, Miguel Piedra, Luis Alberto Andrade ni Juan Lema. Ellos son ecuatorianos e indocumentados o “un cero a la izquierda”, que no se contabilizan a la hora
de ponerle un número a este inmenso drama en EE.UU.
Muñoz desde hace un año se quedó sin trabajo. “Un día Mr. Jack me dijo tómate tres semanas de vacaciones y te llamaré. Nunca más me llamó”.
Desde entonces vive de la ayuda que le dan sus dos hijos. Pero no tiene para mandar a los cuatro que viven en El Tingo (Rumiñahui). Y por primera vez en su mente empieza a tomar forma la idea del
regreso a Ecuador.
Hace un año sale a las esquinas de los jornaleros, “pero no hay nada de nada y estoy desecho”. Con un brazo y un pie lesionados sus opciones son muy escasas.
En cambio, Piedra nunca necesitó pararse en las aceras a languidecer por un trabajo de jornalero. Desde que llegó hace nueve años laboró para la compañía de limpieza Atlantic Meller. Su tarea
era limpiar calles en Brooklyn.

El 5 de enero pasado, uno de los supervisores se acercó, le quitó la escoba y la pala. Y le dijo: “Ya no tienes trabajo”, sin más explicaciones. Ahora no sabe cómo ayudar a su
mujer y a sus hijos que siguen en Ecuador. “Mejor sufrir allá que aquí”. Piedra es otro más de los que piensa seriamente en volver.
Ganaba USD 300 semanales, de los cuales enviaba USD 100 a Ecuador, pero en enero ya no mandó nada. “Creo que tendré que pedir ayuda a la iglesia, porque no atino qué hacer. Así terminan
mis sueños americanos”.
Según Manuel Orozco, director del Programa de Remesas, aún es posible ver un ligero crecimiento para América del Sur, excepto para Ecuador. Las cifras lo revelan: el bajón de remesas en el tercer
trimestre de 2008, fue del 13%.
“Ya se han ido muchos de aquí, pero pienso que al menos una vez a la semana tendré trabajo: mientras que en Ecuador tal vez nunca encontraré nada”, dice Lema.
Él junto con Alberto Andrade matan las horas en la Broadway y 69. “Pero si esto nos aprieta más tendré que regresar”, dice mirando a un horizonte gris y desolado… la geografía de
invierno.
Andrade cuenta que hace ocho años que vino a EE.UU. nadie hablaba de volver, más bien de traer a su familia. “Ahora todo el mundo quiere volver y muchísimos ya se han regresado. Tengo las
esperanzas puestas en el verano y si Dios me ayuda yo también me regreso, porque esto ya no es vida”.

Estos no son trabajadores de empresas como Home Depot, Pfizer y Caterpillar que la semana pasada anunciaron unos 62 000 despidos. Tampoco en esta cifra se refleja la situación de Nelly Cepeda.
Ella vino hace 22 años desde Ambato, tiene papeles, habla inglés y trabaja en OGAntiques Incorporations, pero el negocio se redujo. Eso la obligó a buscar un trabajo de fines de semana en una
lavandería, donde lava y plancha