Vendredi 26 juin 2009
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El control del Congreso que ejercen la presidenta Cristina Kirchner y su marido, el ex mandatario Néstor Kirchner, estará en peligro el domingo en elecciones que se perfilan reñidas como nunca
antes desde 2003, cuando implantaron un modelo de supremacía del Estado.
La oposición se presenta atomizada a los comicios legislativos, pero se vive un resurgimiento de fuerzas neoliberales, socialdemócratas y disidentes del Gobierno que amenazan quebrar la hegemonía
política de los Kirchner, un matrimonio de peronistas progresistas.
"En la presidencial de octubre de 2007, el oficialismo obtuvo 43 por ciento para Diputados y ahora tendrá entre 10 y 13 puntos menos, perdiendo la mayoría, que estará en peligro en el Senado", dijo
Rosendo Fraga, presidente de la consultora Nueva Mayoría.
Unos 28 millones de electores de esta potencia exportadora mundial de alimentos renovarán la mitad de los 247 escaños de Diputados y un tercio de las 72 bancas del Senado, ambas con mayoría
oficialista, en elecciones de medio término.
Ante el combate
En la Argentina del tango, la carne bovina y el fútbol, las encuestas adjudican al kirchnerismo la primera fuerza, con 30 por ciento de votos, delante de la Unión Cívica Radical (UCR,
socialdemócrata) en coalición con la ex presidenciable Elisa Carrió, con 25por ciento.
Detrás se ubica una floreciente alianza de neoliberales y peronistas de derecha, con 15 por ciento, pero los sondeos indican que el kirchnerismo sufrirá dolorosas derrotas en la Capital Federal y
las provincias de Córdoba, Santa Fe y Mendoza, cuatro de los cinco más distritos más poblados.
La batalla crucial será librada entre candidatos a diputados en la provincia de Buenos Aires, con casi el 40 por ciento del padrón, con el ex presidente Kirchner (2003-2007) enfrentado al magnate
nacido en Colombia Francisco de Narváez, ex financista y admirador del ex presidente neoliberal Carlos Menem (1989-1999).
El temperamental marido de la Presidenta dramatizó los comicios como un plebiscito a su modelo de fomento a la estatización de empresas, la industria y las negociaciones salariales, hablando pestes
del FMI.
Otra crisis
"¡No volvamos al pasado! Recuerden la fiesta menemista donde lo único que servía era rematar empresas del Estado y dejar a millones de trabajadores en la calle", disparó Néstor Kirchner desde las
tribunas de campaña.
En reacción, Mauricio Macri, alcalde derechista de la capital y padrino político de De Narváez, dijo que no le temblaría el pulso para "reprivatizar la jubilación, Aerolíneas Argentinas y aguas y
cloacas".
El ex mandatario había tomado el timón en 2003 en medio de la peor crisis histórica, tras el colapso de 2001, y aprovechando el viento a favor de la economía mundial para crecer a un promedio de 9
por ciento anual y bajar el desempleo de 23 por ciento a 8 por ciento.
Lo bueno, lo malo y lo feo
Los Kirchner, cogobernantes de hecho, reabrieron juicios a los militares de la dictadura (1976-1983), limpiaron de corrupción la Corte Suprema y normalizaron una astronómica deuda de casi 150 mil
millones de dólares.
Pero en marzo de 2008 trataron de imponer impuestos flotantes a las exportaciones agrícolas, con una tasa de 35 por ciento para la soja, el 'oro verde' del país con ingresos anuales por 25 mil
millones de dólares, y estalló una huelga de patronales agrícolas que los puso en jaque.
El conflicto agrario, aún latente, hundió la popularidad de los Kirchner, les causó una fuga de aliados de todo color y, para colmo, los forzó este año a adelantar cinco meses los comicios para
evitar otra rebelión en medio de la campaña.
Denuncias
Con amigos así…
- Enemigos de los Kirchner proliferaron como hongos y arreciaron denuncias por manipulación de la estadística de inflación.
- También por elegir como aliado externo al presidente venezolano, Hugo Chávez, y ahuyentar inversiones.
- La clase media urbana está espantada y elige votar dentro del mosaico antikirchnerista.
- Mientras, el Gobierno se refugió en la central obrera peronista CGT y los alcaldes de la empobrecida periferia, los últimos amigos que le quedan.
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